¡Minero! ¡Solo minero!

Andan todos en la Cuenca Minera de Riotinto, durante estos días de celebración entorno a la festividad de Santa Bárbara, patrona de los mineros, muy ilusionados con el resurgir de una de las profesiones más ancestrales de esta tierra: la de minero. Y hacen muy bien. Motivos hay para congratularnos.

El minero de Evaristo Márquez

El minero de Evaristo Márquez

Hace más de una década, cuando los mercados enterraban al minero tras toneladas de incomprensión con el beneplácito de las Administraciones, pocos éramos los que albergábamos cierta esperanza en que estas históricas minas pudieran llegar a reabrir sus puertas algún día, haciendo resurgir este sacrificado oficio en el que han encontrado su sustento cientos de miles de familias desde tiempos inmemoriales.

 

En el fondo, muy en el interior de la mina, a cientos de metros de profundidad, los hijos y nietos de mineros, a los que la baja cotización del cobre en los mercados internacionales arrebató su razón de ser, seguían sintiendo el latir del corazón de la tierra. ¡Lup-dup, lup-dup, lup-dup! Desde lo más hondo de los pozos, débil pero aún latente,  Y así, año tras año, esperando que el ciclo de la mina volviera a dar su giro.

 

Hoy vuelven a oírse con alegría las explosiones de los barrenos en busca del mineral que la tierra atesora en sus entrañas, y más de uno no hemos podido dejar de emocionarnos con el recuerdo del retumbar en los cristales de las ventanas del cole cuando detonaban la dinamita en la mina. Ahora, volvemos a escuchar también el estruendo de los motores de los camiones de gran tonelaje circular por las pistas del cerro en un incesante movimiento de tierras desde el tajo a las escombreras, y a más de uno también nos ha vuelto a la memoria el rugir de los Caterpillar rompiendo el silencio de la noche.

 

La luz de la cruz de Santa Bárbara volvía a anunciar el pasado día 4 la buena nueva. ¡Ya está aquí! Ha resurgido cual Ave Fénix de sus cenizas. Ojalá y sea para quedarse entre nosotros por muchos años, y honrar con su presencia los versos del poeta que recitaba con orgullo y emoción: ¡No me llaméis por mi nombre, llamadme solo minero, que mi nombre ya no existe, y si existe, no lo quiero. ¡Minero! ¡Solo minero! De esa larga pena abierta en la mina de mi cuerpo!

Fdo.: Juan A. Hipólito

Dtor. Onda Minera RTV Nerva

Corresponsal Huelva Información y Onda Local de Andalucía

ccEste obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

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